Artículo de opinión: “Su vida de usted sin el petróleo”
Su vida de usted sin el petróleo
Usted pertenece a la civilización del hidrocarburo, mal que le pese. Y piense que no está solo, por favor: somos 6.600 millones de habitantes en el Planeta, un número 6 veces superior al de hace poco más de un siglo - fabuloso crecimiento fruto de los combustibles fósiles - , aunque es usted uno de los más afortunados: come tres veces al día, tiene agua potable, acceso a la movilidad privada, techo que no se cae con las lluvias, sin riesgo grave de contraer enfermedades infecciosas, con una esperanza de vida de las mayores del mundo. Todo un privilegiado ciudadano hijo y fruto del petróleo abundante y barato. ¿O acaso pensó alguna vez que era posible este milagro sin abundante energía? Si no es demasiado mayor, nació con las atenciones de un sistema sanitario intensivo en consumo de petróleo: el conjunto de los equipamientos de un centro hospitalario, la medicina moderna en la escala que la conocemos es fruto del uso intensivo de energía. ¿Puede preguntar a una persona de más de 70 años cómo era el sitio donde nació? ¿Puede preguntarle cuántos niños morían en el parto y en el embarazo? Su vida de usted está plagada, como la infancia de nuestros niños, la atención a los enfermos y el cuidado de los mayores, de objetos múltiples que nos facilitan la vida cotidiana: nunca tantos complementos para tanta gente, una auténtica industria de la atención a las personas, para evitar cualquier contratiempo, con el plástico, el transporte y el uso intensivo de materiales por bandera. ¿Cientos de millones de pañales desechables sin el petróleo para talar tantos árboles - queda la mitad de la superficie forestal y bajando-? ¿Talamos sosteniblemente con energía solar? ¿Apósitos, industria farmaceútica moderna sin petróleo? ¿Quizás con la energía de las olas, pues? Procure no engañarse. Come usted, junto a la mayoría de la pobación del mundo, pero usted con extraordinaria prodigalidad, gracias a la energía abundante y barata: cada caloría de alimento requiere hoy diez calorías en su equivalente energético de combustibles fósiles: come su familia petróleo, transformado en alimentos, que han sido cultivados, fertilizados, cosechados, transportados, refrigerados, envasados y servidos gracias al petróleo y el gas natural. ¿Cree usted, ingenuamente, que sin millones de tractores y toneladas de fertilizantes, sin el bunker de las compañías marítimas internacionales, sin las grandes acerías y fundiciones que hacen esos buques tiene sentido la alimentación moderna? ¿Cree además, profundizando en su peculiar análisis de la realidad, que hay alternativa energética a ese fabuloso entramado energético - nutritivo? ¿Comer gracias a la energía nuclear y el carbón? Realmente, es conmovedora su forma de abordar la situación. De entre todos los trabajos escogibles, el suyo es muy dependiente del petróleo: todos lo son hoy, de hecho. Que si camarero, ¿DC-10 sin queroseno para traer turistas?; que profesor, ¿cómo recauda el Estado para pagarle su sueldo si no hay crecimiento económico motivado por el crecimiento en disponibilidad energética?; dependiente, ¿acaso ha analizado el origen “petrolífero” de sus productos y el origen del dinero de sus clientes? ¿Dinero barato en tiempos de petróleo progresivamente más caro? ¿Construcción sin energía fósil? ¿Camiones de 30 toneladas movidos con energía eólica e hidrógeno? ¿acaso con el motor de aire comprimido? ¿máquinas de movimiento perpétuo? Seamos serios, por favor. Pues bien. El petróleo, en el transcurso de unos años que oscilan entre el 2005 y el 2010, según expertos geólogos que no necesitan ocultar su identidad, comenzará su declinar paulatino. Algunos advierten que, por sobreexplotación actual de yacimientos, la tasa de descenso de disponibilidad será de más del 4-5% anual. Se habla incluso de un 32% de petróleo menos que hoy en el año 2020. Nuestra civilización, la de las grandes minas, acerías y fundiciones, cadenas de montaje, líneas inmensas de transporte, las inmensas plantaciones mecanizadas que nos alimentan, el mundo de la globalización, en todo su esplendor, tendrá cada vez menos - en vez de tener más como hasta ahora - para ofrecer alimentos, agua y productos industriales a la gran población del mundo. Como dice el profesor Ernest García, la duda está en cómo gestionar el decrecimiento que, por razones naturales, tendremos: de forma humana o caótica. Claro que siempre le quedará a usted la posibilidad de comenzar a tirar de nuestros industriales y adormecedores mitos: el milagro tecnológico, guardado en ese oscuro cajón de los poderosos, la confianza perenne en el gran progreso, la creencia en la infinitud del Planeta y sus riquezas. Es normal: los solemos usar cotidianamente y hemos nacido con ellos. Es casi tan difícil desengancharse de esos ilusorios mitos como del petróleo tan presente en la vida de usted, su familia y nuestra hidrocarbúrica sociedad. Hoy, como dice el profesor Canogar, las opciones son claras: ante el fin de fiesta, podemos actuar o cerrar los ojos. Pero si tardamos, puede ser que cuando querramos abrirlos las luces ya se estén apagando.
Juan Jesús Bermúdez,