Artículo de opinión: “Energías convencionales: pan para hoy”

Traemos a esta página el artículo “Energías convencionales: pan para hoy“, divulgado a través del diario tinerfeño, El Día. El autor, Miguel Ángel Serrano Hernández, alumno del Máster de energías renovables de la Universidad de La Laguna, plantea la siguiente pregunta: “¿Qué consecuencias le esperan a Canarias si se produce un aumento brusco de precios en los combustibles fósiles o, para ser más drásticos, un desabastecimiento de los mismos?”

Texto completo del artículo.

Miguel Ángel Serrano Hernández*

Energías convencionales: pan para hoy

CANARIAS EMPLEA más de 1.200 millones de euros al año en adquirir su primer producto de importación, el petróleo. En segundo lugar, la importación de automóviles implica un gasto de 1.100 millones de euros anuales. Actualmente, Canarias se ha convertido en una región muy contaminante por emisiones de CO2 (6Tn CO2/persona y año). Esto se debe principalmente a las centrales térmicas y al gran número de automóviles que circulan por nuestras carreteras. ¿Qué consecuencias le esperan a Canarias si se produce un aumento brusco de precios en los combustibles fósiles o, para ser más drásticos, un desabastecimiento de los mismos?

Entre las diferentes respuestas a esta pregunta podemos citar un incremento de los costes de la energía eléctrica de origen térmico, la consecuente subida de precios del agua (desalación, bombeo y depuración) y el aumento generalizado de los costes de todos los productos importados (incluyendo los comestibles de todo tipo). Todo esto lo podemos traducir en un mayor aislamiento (del conjunto y de cada isla por separado) y un también predecible incremento de la pobreza, con todas sus consecuencias. En definitiva, un desarrollo no sólo insostenible sino aún peor, negativo.

Queda claro, por tanto, que Canarias tiene la obligación de apostar por un modelo de desarrollo energético sostenible diferente al llevado a cabo en la actualidad. Para ello Canarias cuenta con abundantes recursos energéticos renovables (principalmente viento y sol) y unas excelentes condiciones climatológicas que permiten un menor consumo energético per cápita que otros lugares de la Tierra en condiciones más extremas y con niveles de vida similares.

Canarias debería fijar dos ejes directrices para su futuro desarrollo energético. El primero de ellos lo abarcaría una máxima implantación de energías renovables (eólica, solar térmica y solar fotovoltaica, principalmente) y en segundo lugar un máximo ahorro no sólo energético (calor, electricidad, transporte interior y agua desalada), sino en todos los sentidos, concienciando a la sociedad sobre la importancia que tiene evitar el despilfarro. Como datos alarmantes se puede citar, por ejemplo, que el consumo de agua en Canarias supera con creces la media nacional de 147 litros/hab y día, obteniendo un valor, en el caso de Tenerife, de 259 l./hab y día. Por otro lado, Canarias es la comunidad autónoma que más cantidad de productos fitosanitarios utiliza (78,89 kg./hectárea al año). El hecho de que nuestra comunidad sea la región europea con mayor índice de pesticidas por hectárea de suelo cultivado parece tener una relación con el hecho de la existencia de una elevada incidencia de cáncer de mama, que tiende a incrementarse en los últimos años.

Las fuentes energéticas convencionales deberían ser consideradas como recursos energéticos complementarios y no al revés, como ahora sucede, al tiempo que la “disminución absoluta del consumo energético” respecto de los valores actuales debería ser el principal exponente del progreso y del desarrollo de la región.

La implantación masiva de energías renovables, así como de sistemas de ahorro de energía pueden conducir a una reducción de un 35-50% de consumo de energía eléctrica respecto de los valores de 2005. Un parque eólico de cinco aerogeneradores evita la emisión de 28.480 toneladas de CO2 al año y sustituye el uso de 2.447 toneladas equivalentes de petróleo (TEP). Asimismo, con el fomento del transporte colectivo y otras medidas, en este sector puede alcanzarse una reducción entre un 10 y un 15% de combustible para automoción. El resto, alrededor del 35-40% del consumo actual, tendría que ser importado en forma de petróleo, combustibles sintéticos, en forma de hidrógeno o en forma de gas natural licuado.

Ha llegado la hora, por tanto, de cambiar el chip y exigir a las autoridades un modelo de desarrollo que sea capaz no sólo de cumplir con el Protocolo de Kyoto, que España ha firmado. De mantenerse la situación actual, Canarias no podrá cumplirlo ni en el supuesto caso de la implantación del gas natural. Además, este modelo de desarrollo permitirá un mayor autoabastecimiento energético, hoy en día prácticamente inexistente en Canarias. En definitiva, es necesario apostar por un modelo de desarrollo que sea mucho más que pan para hoy.

*Ingeniero técnico agrícola y alumno

del Máster de Energías Renovables de la ULL

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