Fuerteventura ante la crisis energética: auge, cenit, colapso y declive de una isla convertida en desierto.
Fuerteventura, a lo largo de su historia, ha sido tierra de grandes infortunios, encabezados éstos por los ataques piráticos y las hambrunas, que regularmente se cebaban con su población, diezmándola y obligando a la emigración desesperada, tras episodios más o menos constantes de sequía. Fuerteventura llegó a estar prácticamente despoblada, aún siendo, durante muchos años, granero de las islas, por la enorme superficie cerealística usada para ello. Sin embargo, la bajísima pluviometría impidió siempre la consolidación de sus estructuras socioeconómicas más allá de los periodos de bonanza metereológica, la magra exportación de barrilla y las estrategias de supervivencia de la población insular.
Es a finales del Siglo XX cuando la isla se incorporó de forma sublime a la marea del crecimiento del turismo internacional, y ha registrado un crecimiento exponencial de difícil parangón en sus variables socioeconómicas.
Un acto administrativo, en concreto el proceso de creación de la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de la isla, publicado en el Boletín Oficial de Canarias, nos brinda un insospechado y asombroso recorrido por los cambios explosivos registrados en esta isla en apenas una década de su historia.
De la sequía y el hambre al hotel con buffet libre y jacuzzi, podríamos titular esta síntesis informativa. Debido a la crisis energética global, con un declive petrolero que viviremos en los próximos años de forma cada vez más visible, según las estimaciones de muchos expertos geólogos, Fuerteventura registrará un previsible fenómeno de “colapso”, entendido como la imposibilidad física de mantener esas variables de crecimiento, adentrándose en una “simplificación” o “reducción progresiva” de sus estructuras socioeconómicas, muy vulnerables ante la carestía de la energía: menos energía para el transporte de turistas, menos para producir energía y obtener agua, menos para importar alimentos, cada vez más caros Noción de colapso inspirada en Joseph Tainter, antropólogo e historiador norteamericano, autor del célebre “El colapso de las sociedades complejas”. Reseña del documento en: http://www.webpondo.org/filesabrjun_2005/collapse.pdf ).
Sin embargo, o quizás como confirmación de la tendencia de aceleración propia del crecimiento exponencial (uno de los mayores expertos mundiales en analizar las repercusiones socioeconómicas y ecológicas del crecimiento exponencial es Albert Bartlett, profesor emérito de Física de la Uniersidad de Colorado. Aquí, en un espléndido trabajo de Gabriel Tobar: http://www.jlbarba.com/energia/arpoen), las instituciones y población insular mantienen una pugna por seguir incrementando el número de viviendas, camas turísticas, autovías, infraestructuras varias, etc. Esto es, Fuerteventura está agudizando su dependencia del exterior, y creando las condiciones para un ajuste poblacional y socioeconómico importante, habida cuenta de la prácticamente nula actividad de alimentación de la isla con origen en la misma, y el abandono de sus infraestructuras agropecuarias, unida a la práctica desertización total de la isla. Fuerteventura importa la práctica totalidad de los alimentos que consume y de la energía que necesita para obtener el agua para la población.
El dilema estará entonces en una adaptación “preventiva” y anticipatoria del fenómeno del declive, con una implícita renuncia progresiva y voluntaria al crecimiento y su modelo de consumo, o bien la espera a los primeros síntomas de agotamiento del modelo, síntomas que probablemente ya se estén sintiendo en la isla - decrecimiento de las tasas de aceleración de la economía insular y progresivo deterioro de destinos turísticos localizados, gasto de consumo, etc. - para poder reaccionar. Ocurre, sin embargo, que el reto de abordar el decrecimiento en la isla de Fuerteventura es tan inmenso - como inmenso y fulgurante ha sido su crecimiento - que únicamente estrategias previas a la llegada de los problemas graves pueden coadyuvar algo a aliviar una más que probable situación de crisis socioeconómica estructural y creciente en la isla. De poco servirá “reaccionar” y percibir
Hoy podemos hablar de que, en Fuerteventura, hay un gran consenso social para mantener el modelo económico actual y acentuar su dependencia del exterior. Podemos decir, también por eso, que uno de los grandes obstáculos para emprender cualquier proceso de reducción drástica de la dependencia del exterior es la visión de “permanente progreso” de la isla que, erróneamente, pueden tener sus habitantes como, por lo demás, ocurre en la práctica totalidad de los territorios: no hay consciencia de los límites, ni se cuestiona el mantenimiento - insostenible - de las actuales ratios de crecimiento y consumo insular.
Cabe advertir que la lógica del tremendo crecimiento insular no se podrá mantener, y podemos adivinar un pronto declive de estas magnitudes, de forma paralela a las dificultades económicas que pueda registrar la economía turística internacional con el advenimiento de precios energéticos cada vez más caros.
La urgencia de plantear los escenarios probables ante los que se enfrentará Fuerteventura en un inmediato futuro es evidente: es un territorio que actualmente carece de producción agroalimentaria interior y obtención sustancial de agua propia: la dependencia total la hace muy vulnerable ante el futuro, por lo que sería deseable una pronta reacción de su población ante ese escenario.
Recopilando los datos publicados en el Boletín Oficial de Canarias, se puede adivinar la vertiginosa evolución de la isla en tan sólo unos años, en unas magnitudes difícilmente superadas por otras economías mundiales:
- Población: incremento del 75% de los habitantes en 7 años (1996-2002). “Fuerteventura cuenta con una superficie de 1.660 kilómetros cuadrados y 74.983 habitantes de derecho en diciembre de 2002, cuando siete años antes (en 1996), la población insular residente sumaba 42.938, y poco más de 35.000 en el año 1992. La densidad de población se ha incrementado de 25,9 habitantes por kilómetro cuadrado en 1996 a 45,2 en 2002, es decir, un incremento del 75% en 7 años”.
- Economía insular: El Valor Añadido Insular (VAB) creció un 33% en tres años (1998-2000), prácticamente el doble que en Canarias (17,6%). Entre el año 1996 y el año 2001 la isla ha crecido, la actividad económica en los municipios de Fuerteventura ha crecido un 47,7%, frente al 10,4% del mismo periodo en el ámbito canario.
- Empleo: se incrementó el número de empleados en un 34,7% en 5 años (1999-2003), prácticamente el doble que en la media de Canarias (16,5%).
- En el periodo 1997-2002 (6 años), la actividad económica de la construcción e industria se incrementó en un 183,9%, un 46,5% la de actividades comerciales minoristas y un 38,4% la de restauración y bares.
- En 7 años (1995-2002), la oferta turística de Fuerteventura se incrementó en un 366,9% (de 25.393 a 118.580 camas).
- “Desde 1996 el puerto de Puerto del Rosario ha experimentado un crecimiento superior al 80% en el total de mercancías transportadas, lo que supone una tasa anual superior al 13%. Todas las mercancías experimentan incrementos desde 1996, aunque son especialmente relevantes los que se han producido en los graneles sólidos (128,9%), mercancía en general (81,7) y pesca congelada”.