Canarias, colapso y declive de un archipiélago “moai”.
Los pétreos moais de la Isla de Pascua parecen ser el desconcertante legado de un pueblo que colapsó: mientras excababan y alzaban las gigantescas figuras, al mismo tiempo, estaban socavando las bases ecológicas de su sustento, según Jared Diamond - Colapso, Editorial Debate -. El resultado fue una posterior dramática pérdida de población y la desintegración de su modelo social.
Canarias… está reproduciendo miméticamente, como otras sociedades, el auge y colapso que protagonizaran multitud de pueblos de nuestra historia, que exhibieron su desarrollo hasta el paroxismo, obviando los límites locales y globales. Las islas planifican hoy la mayor operación de multiplicación de su red viaria y aeroportuaria, con proyectos por un monto de más de 8.000 millones de euros, que pretenden incrementar en más de un 50% las vías rápidas, y las infraestructuras aeroportuarias. Unas islas que han reproducido su parque móvil por 90 en los últimos 50 años, construyendo alrededor de 500.000 camas turísticas en apenas cuatro décadas, y que han multiplicado por 15 el número de inmuebles urbanos en el último medio siglo: todo un modelo de crecimiento exponencial. Las Islas Canarias son hoy un territorio desertificado y perplejo que importa el 84% de los alimentos que consume, ha duplicado su población en 47 años y consume diariamente más de 115.000 barriles de petróleo, que importa en su mayoría del hambriento continente africano, el mismo que nos envía, siguiendo la ruta de los petroleros, sus cayucos desesperados.
El modelo “canario” está agotado: desde el año 2002, en el que llegamos al cenit del número de turistas, se registra un declive de la entrada de visitantes, en unas islas que no han dejado de construir hoteles. El estallido de la burbuja inmobiliaria está sucediéndose al tiempo que se construyen en las Islas decenas de miles de nuevas viviendas que ocupan nuestro escaso suelo rústico: Canarias duplicó, con respecto a la península, el porcentaje de viviendas nuevas construidas en el periodo 1991-2001. En un planeta finito, que está llegando o ha llegado al cenit de producción de petróleo y su consecuente y permanente declive posterior, las Islas Canarias están abocadas al colapso y declive: el turismo de masas, hijo del petróleo barato, tiene sus años contados. El sol y playa como forma de ganar el sustento no tiene futuro en un planeta con creciente escasez energética. Sin suelo que cultivar, sin agua que extraer, con un petróleo cada vez más caro, las islas, sin embargo, aceleran cual ufanas protagonistas de un imperio en decadencia, la construcción de sus últimos “moais” en forma de los más gigantescos viaductos, hoteles y monumentos de la autocomplacencia, previsibles testigos mudos del declive de un pueblo que creyó que la Tierra era plana y que en Jauja se hablaba con acento canario.
