Ponencias y crónica de la III Conferencia Alimentación en Canarias ante la crisis energética
Adjuntamos las ponencias de varios de los ponentes de la III Conferencia “Alimentación en Canarias ante la crisis energética”, celebrada el sábado, 6 de octubre de 2007 en la sede de la Asociación de ganaderos de Tenerife (AGATE), y que contó con la presencia de numerosos agricultores y conocedores del sector primario en las islas.
- Pedro Prieto - La crisis energética global. El texto de la ponencia de Pedro Prieto
- Estado de los Suelos de Canarias y la Producción de Alimentos: Acentuando la crisis. Antonio Rodríguez Rodríguez- presentación y el texto de la presentación: Estado de los suelos canarios
- Manuel Redondo Zaera - Crisis energética y alimentación
- Economía y soberanía alimentaria - J. Concepción
Se ha celebrado la III Conferencia “Alimentación en Canarias, ante la crisis energética”, organizada por Canarias ante la crisis energética y con la colaboración de la Asociación de ganaderos de Tenerife (AGATE), en cuya sede tuvo lugar el encuentro, el pasado 6 de octubre de 2007.
Está disponible en esta página la documentación entregada en la Conferencia, de interés para conocer la interrelación entre el futuro de la alimentación en las islas y la ya reconocida crisis energética global.
Avanzamos una pequeña crónica de lo allí acontecido, que reunió a diferentes personas del sector agrario, y otros hondamente preocupadas por el suelo rústico, la situación socioambiental y económica insular, y las perspectivas de la isla en un futuro no tan lejano, de declive de la producción de petróleo y gas.
Se proyectaron, en los preliminares de la Conferencia, algunos ilustrativos video documentales de Edgar Ocampo, el editor de www.petroleoendeclinacion.blogspot.com , y un forista mexicano de profundo conocimiento y trabajo divulgativo sobre la incidencia de la crisis energética en nuestra civilización. Concretamente, se difundió – y gustó – su documento “los alimentos y el fin del petróleo”.
La Conferencia comenzó con la Conferencia de Pedro Prieto, “La Crisis energética global. La necesidad de un sector primario (local) autosuficiente”. Pedro Prieto es el Vicepresidente de la Asociación para el estudio de los recursos energéticos (AEREN) y editor de http://www.crisisenergetica.org/. Así mismo, es un conocido analista de nuestra civilización de “alta entropía”, y sus ensayos y reflexiones en diferentes foros nacionales e internacionales son ampliamente seguidos y reconocidos por la capacidad en interrelacionar aspectos que, normalmente, no son tenidos en cuenta por los analistas convencionales de la prensa diaria, o los “economistas de la tierra plana”. Se adjunta la presentación de su conferencia, y el texto de la misma (como comentario a cada diapositiva de la misma).
Pedro Prieto centró su intervención en cómo la “fe en la economía de mercado y la tecnología moderna” había suplantado las antiguas religiones, y en “cómo la omnipotencia de la ciencia, su hijastra, la técnica y la hija bastarda de ésta, la tecnología” habían nublado la vista de una sociedad que, en continuo crecimiento exponencial, no percibía que estaba llegando a un punto crucial de la historia de la humanidad. El conferenciante nos recuerda, porque las “modernas religiones” nos han hecho suponer lo contrario – y es lo que tienen los dogmas – que la flecha del tiempo es unidireccional, y que siempre avanza, y no son posibles los retrocesos: que “la historia cuenta”, y que en esa dirección actúa la Ley de la entropía, que, nos recuerda, “muestra claramente los límites de las transformaciones físicas, la finitud de las cosas y el irreversible concepto de la degradación de la ordenación de la materia con la actividad”. Prieto relaciona posteriormente la presencia permanente de esa Ley de la degradación irreversible, con la evolución de la presencia humana, desde su desgajamiento de los restantes primates hasta la conquista prometeica del fuego y el comienzo de las grandes civilizaciones, éste último episodio recientísimo en la historia del “mono desnudo” en la faz de la Tierra. El autor nos describe de forma certera en la Conferencia cómo el hombre ha ido pasando de ser un mono que precisaba exclusivamente de 3.200 kilocalorías diarias para mantener su metabolismo equivalente a una bombilla de 100 vatios, a el hombre tecnológico que está atrapado en un entorno de alta entropía que requiere, en el caso de los americanos y europeos contemporáneos, la energía exosomática precisa para mantener 120 ó 60 bombillas de 100 vatios. Todo ello lo ha logrado, a lo largo de la reciente historia, a partir del aprovechamiento insostenible de los recursos otrora renovables (saltos de agua, biomasa de los bosques, etc.) y, sobre todo, a partir del enorme crecimiento exponencial en el uso de los recursos combustibles fósiles: el hombre habría consumido en apenas 6 generaciones, de las más de 100.000 que componen nuestra presencia como especie diferenciada en la Tierra, la mitad del petróleo disponible, y una cantidad cercana a ese porcentaje en el caso del carbón y el gas natural. Dada la condición de finitud de este recurso, anuncian los geólogos que se afrontará previsiblemente pronto el declive definitivo en la disponibilidad de ese recurso, creado por los movimientos de las placas tectónicas, fenómenos climáticos, etc. hace entre 80 y 150 millones de años.
En este punto, Pedro Prieto examina las diferentes perspectivas sobre el declive, que van desde la “visión de las grandes empresas del sector” normalmente reticentes a reconocer la finitud y declive del recurso que les sustenta, y por otro la creciente evidencia de que, dada la escasez de nuevos descubrimientos de yacimientos de gran capacidad en el pasado, nos acercamos a la era de los recursos energéticos fósiles – especialmente el petróleo, sangre vital de nuestra civilización – cada vez más escasos.
El texto completo de su conferencia se encuentra adjunto a la presentación que se añade, junto a cada diapositiva. Recomendamos vivamente su lectura completa.
En el turno de preguntas, Pedro Prieto fue interpelado sobre la posibilidad de las energías renovables para compensar el flujo de energía que hoy ofrecían los combustibles fósiles. Prieto negó la posibilidad de que la energía eólica o solar – matizando que lo renovable es el sol y el viento y no los ingenios precisos para su captura – pudieran tener esa capacidad de sustitución para compensar el declive del petróleo. Para ello, ofreció el siguiente esclarecedor dato: el total de la potencia instalada de plantas de energía solar fotovoltaica en el año 2006, que ascendía a un total aproximado de 1.700 megawatios, en todo el mundo, equivalían a una cuatrocientasava parte del incremento del consumo energético mundial en ese mismo año: es decir, que ni siquiera la enorme potencia instalada podía compensar apenas una parte simbólica de los incrementos del consumo mundial de energía primaria.
Por otro lado, el autor ha desgranado reiteradamente los grandes requerimientos industriales y energéticos precisos por las instalaciones de energía solar o eólica, lo que pone en cuestión su viabilidad en un entorno de escasez energética fósil, verdadero sustento de las energías renovables.
También destacó Pedro Prieto las grandes dificultades para transmitir la información sobre el declive energético y la necesidad de reducción del consumo energético al conjunto de la sociedad, instituciones, trabajadores, etc. dada la problemática que plantea, en un entorno de crecimiento económico y energético, la disminución constante del mismo.
Posteriormente, se abrió una mesa redonda, con el título genérico de “Alimentación en Canarias ante la crisis energética”, moderada por el Profesor de Geografía de la Universidad de La Laguna, Fernando Sabaté Bel.
El profesor realizó una espléndida presentación de los participantes en la mesa, destacando su perfil de grandes conocedores del agro canario. Así, destacó el trabajo de Pedro Molina, presidente de la Asociación de ganaderos de Tenerife (AGATE) y de la Cooperativa del Campo “La Candelaria”, amén de ganadero de profesión y uno de los responsables en las islas de la dignificación de la profesión de agricultor y ganadero local, con una amplia experiencia en el rescate del hacer de los hombres y mujeres del campo canario hasta fechas muy recientes. Pedro Molina ha sido impulsor, junto a otros ganaderos, de que hoy exista relevo generacional en la ganadería tinerfeña, que las vacas de raza canaria no hayan desaparecido del campo de la isla (en los años 50 había alrededor de 52.000 vacas en Tenerife; llegó a casi desaparecer con 26 ejemplares, en los años 70, y hoy supera los 1.200 ejemplares), y que los productores locales de alimentos se hayan hecho un hueco entre los potentes importadores, un sector empresarial con un importante peso en las islas. También presentó Sabaté a Wladimiro Rodríguez, actualmente Consejero de Medioambiente del Cabildo Insular de Tenerife, y gran conocedor y divulgador de la situación de la agricultura y el agua isleños, con numerosas publicaciones y artículos de prensa al respecto. Por último, presentó a Manolo Redondo, economista de la Coordinadora de organizaciones agrarias (COAG) de Canarias, organización a la que vinculó con la organización francesa Vía campesina, impulsora junto a otras de un movimiento internacional de exigencia del rescate de la agricultura local, no impuesta por las grandes firmas mundiales de la producción y distribución agroalimentaria.
Wladimiro Rodríguez Brito destacó, partiendo de los datos ofrecidos en la Conferencia anterior de Pedro Prieto, que definitivamente “hemos tocado fondo” en relación con el modelo de desarrollo insular. Así, recordó que la isla de Tenerife tiene actualmente un millón de habitantes y 600.000 coches, y que existe un enorme alejamiento cultural y educativo de la sociedad rural, por parte de los llamados “urbanitas”, que ya residen también en el ámbito urbano. Destacó el Consejero que actualmente a cada tinerfeño le corresponden 200 metros cuadrados de suelo cultivable, cuando hace unas décadas se situaba en media hectárea por habitante. Destacó que el problema que afrontábamos no sólo se relacionaba con una cuestión de distribución de los recursos, sino también con el volumen disponible para distribuir. También recordó nuestra gran dependencia de la energía para la obtención del agua: dijo que el 60% del agua de Tenerife se gasta en los grifos de consumo doméstico (frente a porcentajes muy inferiores en otras zonas, donde la mayor parte del agua va destinada al uso agrícola). Comentó que se había creido que la desalación era la fórmula mágica para resolver los problemas y que, aunque había habido avances muy importantes en la disminución del consumo energético para la desalación de aguas (de los 30 kw requeridos para la obtención de 1 metro cúbico de agua, a 3 kw para desalar la misma cantidad, en la actualidad), se obvia la necesidad, por ejemplo en Tenerife, de elevar el agua a los lugares de consumo. Así, destacó que, por ejemplo, en la isla cuesta tanta energía elevar el agua desde la costa a La Laguna, como la energía requerida para la desalación.
El consejero también nos habló de que las prioridades de la sociedad habían cambiado, y puso varios ejemplos para ello: recordó el abandono de fincas agrícolas que incrementó los efectos devastadores del incendio forestal en la isla en agosto de 2007, y cómo la población local esperaba, en ropa de veraneo, la acción de los bomberos para que apagaran el fuego ocasionado en el entorno de sus viviendas, muchas de ellas rodeadas de material vegetal combustible. Recordó también los grandes cambios sociales habidos en el archipiélago en pocas décadas, de una sociedad que emigraba en los años 50 y sesenta a la existencia hoy de más de 50 clínicas veterinarias para perros (como ejemplo del lujo instalado en la sociedad). Comentó que estamos ante la “cultura del yogur bebible”, en el que ni siquiera se precisa ya de cuchara para poder ingerirlo, y recordó que en los años 70 el dumping de los excedentes de leche de Holanda inundó el mercado canario, provocando, en unión de otros factores, precios irrisorios de la leche en polvo, que a punto estuvo de extinguir la producción local, dado que el litro de leche llegó a estar más barata en las propias Islas que en Holanda.
Terminó su intervención recordando la “polca del intermediario”, y la figura de éste, determinante para entender la estructura socioeconómica insular y la marginación secular de la población agropecuaria.
Seguidamente intervino Don Pedro Molina, que expresó que “nunca en mi vida había escuchado una intervención tan interesante”, refiriéndose a la Conferencia de Pedro Prieto. Pedro Molina explicó cómo el único objetivo de su trabajo al frente de las múltiples organizaciones era el de dignificar al sector primario en la ciudad de La Laguna, y reseñó los trabajos realizados desde los años 70 en el Plan de barrios del municipio, y en la defensa del suelo rústico, así como en la lucha por el cierre del vertedero de Montaña del Aire, sobre el acuífero de Los Rodeos, una reserva de agua con pocos años de vida con los actuales niveles de consumo, según ha informado Don Wladimiro Rodríguez Brito.
Pedro Molina destacó que hasta los años 50 no habían ganaderos especializados de profesión, sino que cada agricultor era también ganadero. Así, había más de 52.000 vacas de raza canaria en los años 50 en la isla, bajando a 26 en los años 70 y el movimiento que él encabeza ha logrado que, lejos de desaparecer, su número se haya incrementado hasta los 1.200 ejemplares en la actualidad. No está de más recordar el papel esencial de este animal en la agricultura tradicional, como res que ofrecía leche, carne y capacidad de arrastre de yuntas y carretas para los trabajos agrícolas, así como la imprescindible fertilización orgánica con sus estiércoles, y que es un animal que jugará un papel importante en una agricultura pospetróleo, en la que la disponibilidad de combustible fósil será cada vez menor.
Molina recordó igualmente cómo en el trabajo que desarrolla su colectivo un papel muy importante ha sido el de recuperar los trabajos tradicionales asociados a la actividad ganadera: hacer yugos, coyundas, y demás trabajos imprescindibles para la actividad agroganadera no industrial. Todo ello porque, según nos recordó, no se puede trasladar la cultura ganadera de un lugar a otro, al tener carácter local. Esta fórmula ha logrado generar ilusión entre ganaderos jóvenes, rompiendo de esa manera uno de los principales problemas del sector: el relevo generacional. Pedro Molina recordó – y es una gran lección que tomará importancia creciente en los próximos años – que intentan, con sus actividades, evitar la intermediación y promueven convertir a los productores de alimentos en los vendedores directos de los mismos, como fórmula para la supervivencia de la actividad, secularmente dañada por la actividad del “intermediario”, que obtenía grandes márgenes económicos en su beneficio a costa de la subsistencia del campesino.
Pedro Molina consideró muy importante la defensa de la producción local de alimentos, entre ellos el trigo, cuyas semillas llevan en las islas más de cuatro siglos, y que alimentaron a las generaciones insulares. Su Cooperativa se encuentra en la actualidad obteniendo gofio con cereales de producción local, y anunció la fabricación de pan con cereales insulares.
Es necesario recordar que el 99.6% de los cereales que se consumen en Canarias, tanto para consumo animal como humano, se importan hoy del exterior, y que su precio ha subido exponencialmente en el último año, marcando una tendencia creciente para los próximos tiempos, en un marco de crisis alimentaria global. Molina recordó que es la sociedad civil la única que puede defender el suelo rústico, y que hemos olvidado el hábito secular de nuestras abuelas de “separar primero el dinero para la comida y después lo demás”.
Manuel Redondo, de COAG – Canarias, realizó una presentación – disponible – en la que recordó la gran dependencia de la agricultura moderna de los insumos energéticos, en todos sus procesos, y recordó que prácticamente una cuarta parte de los gastos de la agricultura en España provenían de la compra de combustible, lubricantes y pesticidas, todos ellos derivados directamente del petróleo y gas natural. En la tabla que se ofreció también se destaca cómo otro gran apartado de gasto (45%) es la obtención de piensos, cuyo precio está subiendo de forma importante, cuestionando la viabilidad inclusive de muchas explotaciones ganaderas y agrícolas. Evidentemente, a su vez, el proceso de cosecha de granos para piensos es igualmente muy dependiente de la energía fósil. Relacionó el encarecimiento de los precios de la energía con un precio cada vez más alto del agua, y destacó cómo hoy Canarias produce únicamente el 63% de lo que se importa en productos elaborados, sin tener en cuenta la importación de materias primas para procesar en las islas. Nos recordó que el 27% de las importaciones que realizan las islas son de productos alimentarios.
Destacó el ponente que necesariamente el origen y destino de la producción de alimentos deberá ser cada vez más cercano, lo que precisa estimular la producción local, para intentar avanzar hacia una mayor soberanía alimentaria.
En el coloquio posterior, Pedro Prieto expuso que consideraba que era urgente anteponer, en las políticas económicas y sociales, la “ley de la soberanía alimentaria” que primaba la alimentación disponible a nivel local, sobre la “ley del mercado” que interponía únicamente el precio como valor de referencia para la obtención de alimentos, y que había tenido como uno de sus efectos, en la era de la energía disponible barata, la destrucción de la agricultura local y el desarrollo de la gran agroindustria de las economías de escala.
Hubo una intervención por parte de Juan José Triana, en la que comentó que en los países superpoblados, la población era prácticamente vegetariana, priorizando la “verdura para la gente” antes que el pienso para los animales.
Comentó Manolo Redondo que inclusive los datos oficiales existentes sobre producción de papas en Canarias podrían no corresponderse con la realidad, dado que en el periodo 1985 – 2005, la superficie de papas cultivada había pasado de 11.000 ha. a 4.000.
Pedro Molina comentó los datos de importación de leche y piensos a las islas, considerando que, en relación con los productos lácteos, Canarias produce únicamente un 6% de lo que consume. Comentó que las islas importan 135 millones de litros de leche de vaca, 16 millones de kilos de leche en polvo (que con su conversión en líquido equivalen a 160 millones de litros de leche); 5,5 millones de kilos de leche congelada (que pasan a ser 23 millones de litros de leche); 16 millones de kilos de queso tipo gouda, equivalente a 160 millones de litros de leche; 1,9 millones de kilos de queso manchego (con una equivalencia de 1 a 9 en su conversión a leche), y 4 millones de kilos de leche de mantequilla. En total, cifró en aproximadamente 780 millones de litros al año el consumo de productos lácteos en las islas, considerando a Canarias como uno de los lugares del Mundo donde más se consume leche. También expuso que en la actualidad existe un estímulo de la importación frente a la producción local: así, un kilo de mantequilla recibía 200 pesetas de ayuda para la importación, y un litro de leche congelada un total de 37 pesetas, frente a las 18 pesetas de la leche de aquí. Comentó cómo hoy una tonelada de leche importada recibe 813 euros de ayuda, mientras que la leche local recibe 108 euros de ayuda. Incidió en la necesidad de diferenciar la producción local, para lo que juzgó útil el uso del “símbolo gráfico de las regiones ultraperiféricas”. También cifró en 543 mil toneladas el monto total de importación de cereales en Canarias. El Presidente de los ganaderos de Tenerife ejemplificó la valoración social que reciben hoy los precios de los alimentos en la isla: comentó que, mientras que nadie protestaba por el coste de una bolsa de papas en un Mc Donald, con un precio de unos 2 euros por bolsa – lo que requería apenas el uso de una papa para su obtención – había protestas por el precio de un kilo de papas negras a 4 euros, reflejando así cómo la sociedad tenía una percepción distorsionada del verdadero valor y el pago del coste de producción de los alimentos.
Otro interviniente del público, Juan Díaz, comentó la dureza de la alimentación hace unas pocas décadas en Canarias, donde se llegaba a comer gofio de cebada sin cernir. Tito de Armas también del público, comentó la necesidad de emprender, ante el preocupante panorama, acciones en positivo. Se planteó por parte de Miguel Schiaffino, la cuestión de, dados los números ofrecidos y el declive energético previsible, qué cifra de población era la “sustentable” en Canarias. Pedro Molina contestó que él desconocía la respuestas a esa pregunta, aunque dijo que hoy, en Tenerife, en caso de interrupción de suministro alimentario del exterior habría alimentos para 9 días, y para uno en el caso de la isla de Lanzarote.
Tras el debate, y el correspondiente descanso, intervino el Catedrático de Edafología de la Universidad de La Laguna, Don Antonio Rodríguez, que facilitó una presentación y texto íntegro de su Conferencia, bajo el título: “Estado de los Suelos de Canarias y la Producción de Alimentos: Acentuando la crisis”, disponible para todos.
Destacó el Catedrático que los suelos de Canarias, al ser de origen volcánico, eran de los más fértiles del mundo debido a ese factor, aunque destacó el proceso de abandono y sellado que están sufriendo. Comentó cómo buena parte del suelo de algunas islas se encontraba perdiendo un montante de 12 toneladas de hectárea de suelo al año, por hectárea, correspondiente a las fracciones más fértiles del suelo, lo que podía considerarse el límite de pérdida tolerable, matizando este último aspecto dada la gran escasez de este recurso existente en las islas (recordó que el 53% del suelo insular tiene la consideración de superficie agronómica, y que de esta cantidad, hoy únicamente se produce en el 22% del mismo). El profesor habló de los importantes procesos de salinización y sodificación que sufren los suelos de algunas islas, debido al mal uso de la agricultura de regadío, y puso como ejemplo algunos cultivos de tomate, donde se habían llegado a detectar presencias de 4 gramos de sal por litro, y dos kilos de sal por metro cuadrado de superficie de tomate cultivado, también debido al uso importante de fertilizantes orgánicos de síntesis, que son sales. Comentó que un problema grave era el del sellado del suelo, con perspectivas aún de urbanización muy importantes, siendo éste un suelo que ya no es recuperable una vez se colmata de cemento, hormigón o asfalto.
Aclaró que la desertificación en las islas no está necesariamente ligada a la aridez, sino que también se registra en zonas con mayor pluviometría, como es el caso del Norte de Tenerife.
Tras la intervención del Profesor, tomó la palabra Jaime Gil, ingeniero técnico agrícola e investigador, junto con Marta de la agricultura tradicional canaria a lo largo de la historia y la que aún pervive, sobre todo entre los mayores de las islas. Realizó, a través de su ponencia “Acumulación de cultivos y subsistencia en Canarias” un trazado de la alimentación insular desde la conquista hasta fechas recientes, con una profusa ilustración de las múltiples variedades existentes, así como los ciclos y técnicas usados para su cultivo y conservación, importante legado que estos investigadores están procurando rescatar a lo largo de las diferentes islas.
Gil comentó cómo ya los aborígenes conocían y cultivaban la cebada, las lentejas, las arbejas, el trigo y las habas, y cómo los restos arqueológicos y documentales han constatado que también ingerían variedades pequeñas de higos secos así como los frutos de la palmera canaria. Comentó cómo la conquista había supuesto la introducción en Canarias de la “cultura de los cereales”, a través del trigo, cebada, centeno y dos especies de avena. En el caso de la avena, se usaba ésta para suelos pobres, y altos como en el caso de Gran Canaria (suelos de umbría); el centeno era el usado para suelos marginales, y era de gran importancia para la alimentación del ganado. Comentó cómo el centeno se usaba en suelos de bajo potencial, como en el caso del jable en Lanzarote, aunque de gran importancia para las comunidades rurales allí. El ponente recordó que la cebada puede ser considerado como el cereal más importante en Canarias, especialmente en los sures, y que el trigo, con sus diferentes variedades, adaptadas para la costa (trigos moriscos) y para el monte, hasta los dominios del centeno y la avena, constituía un aporte de cereal importante en los cultivos de las medianías del norte de Gran Canaria y Tenerife, por ejemplo.
Una vez analizados los cereales, pasó a desgranar la importancia de las “legumbres”, con una gran diversidad de especies, que daban la alternativa a los cereales en la rotación de cultivos. Así, comentó la importancia de los chochos en los suelos ácidos (zonas de La Palma y Tenerife), y las habas para zonas más cálidas, como es el caso de las medianías altas de Tenerife. Tenían también el carácter de especies forrajeras, en verde o en seco, que daban la alternativa a las tierras, entre las cosechas del cereal. Destacó que algunas variedades se encuentran con muy pocas zonas de cultivo en la actualidad, como es el caso de las lentejas pardas.
Comentó la importancia de la diversidad “intraespecífica”, dentro de cada especie, existente, así como la importancia de la combinación de cultivos: así, comentó la importancia de la combinación entre cebada y arbejas o chicharros en Lanzarote. También incidió en el carácter complementario pero necesario de los productos hortícolas, otras plantas, algunas de ellas asilvestradas, de carácter aromático, medicinal, etc. así como la importancia secular del Ñame, una planta que cumplía la función de verdadera “mata hambres” en el periodo de abril y mayo, cuando aún no estaba disponible la cosecha de papas. Recordó también Jaime Gil cómo se registra la presencia de muchos productos de origen morisco (del “moro”), que llegaban a las islas en diferentes fases. Por ejemplo, cuando había importantes sequías y hambrunas en las islas orientales, se perdían las semillas, por lo que se debía ir a buscarlas al continente africano.
El investigador consideró que la introducción de la papa, la batata y el millo ha supuesto, en términos históricos, para la población menos pudiente del archipiélago, el principal fenómeno social registrado, porque se convirtió en el sustento básico de la mayoría de la población del archipiélago durante siglos, muy importante para sobrevivir en los tiempos del “hungry time”, como denominan los ingleses a las épocas del hambre.
Así, el ciclo de cosecha de batata – ñame y papa fue básico para la subsistencia, unido a la cosecha, conservación y acopio de la cosecha de trigo del año anterior. Destacó Gil que existía una importante práctica de criterios de conservación de las semillas por parte de los agricultores, para evitar la contaminación de variedades, y puso el ejemplo del millo enano de Lanzarote.
Jaime Gil considera que en Canarias nunca existió, en el periodo que él examina, mediados del Siglo XVII a mediados del Siglo XIX, la llamada “soberanía alimentaria”, o la capacidad de las islas para autoalimentarse, y comentó que la mayor prueba de ello fueron las reiteradas hambrunas que sufrió la población, que en número alcanzaba en el año 1768, la cifra de 155.763 almas, muy lejos de los más de 2 millones de habitantes que tiene hoy el archipiélago. El investigador comentó igualmente cómo la desigual distribución de la tierra suponía un elemento que añadía un obstáculo más a la subsistencia, muy condicionada por factores climáticos. Así, comentó como las actas del Cabildo de Lanzarote reflejan las hambrunas existentes, y cómo se dejó constancia de que, en épocas de sequía, “las gentes bajaban a la playa a morir de hambre”.
Comentó Jaime Gil una investigación importante realizada con los escritos conservados de un medianero agricultor de Las Palmas de Anaga (Tenerife) que, en el siglo XVIII, remitía comunicaciones a su amo, al que entregaba la mitad de la cosecha, y que han servido para registrar el ciclo anual de cultivos y estrategias de subsistencia de los agricultores de una zona relativamente afortunada en cuanto a la disposición de recursos naturales: agua, suelo fértil, etc. En los registros existentes se puede seguir el ciclo importante de la papa – batata – ñame, unido al cultivo de legumbres y cereales. Destaca la existencia de “meses en blanco” en las cosechas de alimentos, por malas condiciones climáticas u otros factores que estropeaban lo cosechado, momento en el que probablemente se usaban las reservas dispuestas de cereales, subsistiendo pues con la cosecha de trigo del año anterior.
Jaime Gil desarrolla desde 1995 su trabajo de recuperación del patrimonio agropecuario tradicional canario, en el Instituto de productos naturales, procurando que variedades de semillas existentes se pudieran conservar, al no existir hoy prácticamente el relevo generacional y encontrarse al borde de la extinción – por muerte de los agricultores mayores poseedores de las variedades y técnicas de cultivo – las mismas. Así, cito la práctica extinción del lino textil, o de la papa blanca de ciclo largo en Lanzarote, o de la batata rajadilla, también de ciclo largo. Consideró entre las especies más sensibles para su conservación las relacionadas con la alimentación de los animales.
La práctica totalidad de las variedades y plantas cultivadas en Canarias tradicionalmente se encuentran en las islas desde el Siglo XVI. Los agricultores mayores tienen las semillas y conocimientos: un importante control de la biodiversidad las mujeres, y un conocimiento del suelo, las técnicas y la ecología del cultivo, en el caso de los hombres.
También constató Gil que existe un problema con la adaptación de estas variedades – conservadas sus semillas en depósitos refrigerados del Jardín botánico Viera y Clavijo de Gran Canaria – al cambio del clima: así, puso el ejemplo de alguna variedad antigua – arbejas de ciclo largo – que no se están adaptando en Lanzarote al cambio del clima, con bonanzas en octubre, u otras circunstancias, por lo que abogó por adaptar las semillas a los tiempos cambiantes, e ir hacia la búsqueda de aquellas variedades que realmente se adapten más a los nuevos requerimientos (en el caso de la arbeja, por ejemplo, yendo hacia arbejas de ciclo corto).
Su intervención causó admiración entre el público, y generó muchas felicitaciones. Juan Díaz comentó, para confirmar la presencia en el refranero de la subsistencia de los meses de hambre en el calendario isleño, que tradicionalmente se decía: “en abril, hambre o morir”, aludiendo al periodo de tiempo en el que aún no estaba disponible la cosecha siguiente de papas.
En la sesión de la tarde, se registraron diversas intervenciones. En la primera de ellas, Julio Concepción ofreció una esclarecedora ponencia con el título “Economía y soberanía alimentaria: una visión de conjunto”, cuya presentación está igualmente disponible, y en la que recordó cómo “Los cereales han sido y son una de las formas esenciales de captura y almacenamiento de la energía solar por parte de todas las civilizaciones”, y cómo las islas únicamente cultivan el 0,3% de los cereales que obtienen, para dar un dato sobre la fragilidad de las islas. Igualmente recordó las importantes subidas de los precios de los alimentos, su relación con el agotamiento de recursos, como el declive del agua en grandes acuíferos como el de la planicie china, el auge del cultivo de biocombustibles, y otros factores, que le llevaron a afirmar que “los incrementos de precios del grano no han hecho mas que comenzar”, citando como referencia importante la relación entre altos precios de la energía fósil y disminución de la capacidad de producción de fertilizantes, lo que a su vez, provocaría descensos globales en la producción alimentaria global. Acto seguido, recordó las sombrías perspectivas de la economía mundial y, especialmente, la española, debido a su gran endeudamiento del exterior, economía basada en el ladrillo, y dependencia del crédito, entre otros factores, unido al declive energético, provocado por el declive del petróleo, reiteradamente anunciado por los geólogos de la Asociación para el estudio del cenit del petróleo y del gas (ASPO). El ponente destacó la importancia clave de la llamada “reserva fraccionaria” de la moneda, por la cual se permitía el crecimiento exponencial del crédito, un crédito que ya hoy se resiente al haber promovido una economía especulativa que carece de sustento real en los flujos energéticos y de materiales, y que sufrirá, previsiblemente en forma de recesiones económicas importantes, ajustes progresivos al nivel de progresivo decrecimiento en la energía disponible por parte de las sociedades.
Entre las opciones para afrontar este escenario, Concepción habló de minimizar nuestro riesgo de dependencia de la economía monetaria, y “localizar” nuestras relaciones profesionales, económicas, etc., y entre las colectivas, las destinadas a reforzar la economía local, para lo que la creación de monedas de ese ámbito podría ser un instrumento útil, y, finalmente, estimular la producción local de bienes y servicios.
Domingo Ríos, director del Centro para la conservación de la biodiversidad agrícola en Tenerife, expuso parte del trabajo realizado en el citado centro, logrando registrar numerosas “entradas” por alimento local: así, se han registrado hasta 130 entradas de papas; 55 entregas de trigo diverso (por ejemplo, de trigo barbillo, casi perdido en los años 2004/5, y hoy con más de 100 hectáreas cultivadas en Icod El Alto – Tenerife); entradas de centeno, el cereal más rústico, especializado en su uso como alimento para ganado, o como “tajúmen” para los pajares, lo que requiere una dura labor de quitar la tierra de las raíces cuando se cosecha entero para esos techos. También han realizado la recuperación de la pimienta, de la que existen todas las variedades del mundo en Canarias; o de las cebollas, destacando el gran papel de exportador de cebollinos que jugaron las islas en el pasado, comerciando inclusive con los EE.UU. y Canadá. Explicó Domingo Ríos la labor desempeñada en fincas de Los Carrizales (Teno – Tenerife) para quitar las bacterias a las papas ahí cultivadas, procediendo junto a los agricultores a una labor de limpieza que requirió vallar las fincas, realizar biofumigación, y otras técnicas para recuperar unos suelos y que fueran de nuevo aptos para el cultivo de papas. Acaymo Dorta, el tercer participante en la mesa redonda de la tarde, como presidente de la Asociación canaria independiente de pequeños y medianos agricultores y ganaderos (acipmaga), sintetizó las necesidades del agricultor: tener tierra, agua, semilla y capacidad para vender la cosecha. Hoy los agricultores canarios tienen problemas en cada uno de los apartados que él mencionó.
Hubo diversas intervenciones, en el coloquio posterior, destacándose los comentarios sobre experiencias de recuperación de prácticas tradicionales, la necesidad de fomentar el desarrollo de redes de intercambio de información y experiencias ya existentes; advirtiendo el aspecto clave de la propiedad de la tierra, como lo fue en un pasado no tan remoto, proponiendo la promoción de “bancos de suelo”, etc.
En el transcurso de la III Conferencia se pudo desgranar la importante relación entre la alimentación y la disponibilidad de energía. Se comprobó como, a lo largo de la mayor parte de la Historia de Canarias, como en las restantes zonas del mundo, el uso de la fuerza humana y animal, junto a la disponibilidad de agua, y la organización y distribución de la tierra y las posesiones diversas, fueron elementos claves para la supervivencia. Como la “era de la alimentación barata” que surgió con la abundancia energética que permitió la revolución verde, tuvo como una de sus consecuencias el abandono, hasta la práctica extinción, de muchas prácticas, conocimientos, variedades y oficios relacionados con la “era de la escasez energética”. Se deduce del cenit y declive del petróleo el que, de forma paralela al declive energético, existirá un ajuste de carácter histórico, y que los alimentos serán cada vez más caros, y el acceso a ellos vendrá condicionado por la disponibilidad local, de lo que se infiere que aquellos pueblos y comunidades que puedan mantener el mayor porcentaje posible de autoalimentación y autonomía económica – en absoluto una práctica sencilla ante el deterioro actual de la disponibilidad de recursos: declive del agua, pérdida de suelo, desaparición de variedades, envejecimiento del agricultor y monopolio comercial, así como alto endeudamiento monetario – serán los que mejor afronten la situación de declive energético y socioeconómico que vivirán especialmente las sociedades más dependientes de los combustibles fósiles, como es el caso de Canarias.

7 de Noviembre de 2007 a las 2:46
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