Por qué el capitalismo necesita crecer y por qué pronto no podrá seguir haciéndolo, por Marcel Coderch

marcelcoderch.jpg Crónica y presentación (aquí) realizada por Marcel Coderch Collell, de la Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (AEREN), en el marco de la IV Conferencia Economía y Empleo ante la Crisis Energética, organizada por Canarias ante la crisis energética, en Telde, Gran Canaria, el 16 de febrero de 2008.

Coderch es un afamado crítico del modelo de crecimiento exponencial, advirtiendo de los límites energéticos y de flujos de materiales en un Planeta finito, así como poniendo el acento en cómo la pretendida “solución nuclear” no es tal, poniendo en cuestión las cifras ofrecidas por la industria del ramo acerca de la viabilidad de la proliferación nuclear (aquí, algunas referencias a sus artículos).

En la ponencia que ofreció realizó una crítica a la consideración de la “economía como religión“, con sus dogmas, misterios y milagros, entre los que se encuentra la “productividad”, la creación del “dinero” o el imposible “crecimiento exponencial”. Según Coderch, allí donde la religión clásica ha retrocedido, ésta ha venido siendo reemplazada por la nueva adoración a la economía convencional. Así, el dogma fundamental de la nueva religión sería la del “crecimiento económico continuado”, que en la actual fase del capitalismo se plasmaría en la globalización. Para triunfar en ese mercado, hay que ser “competitivo”, produciendo más rápido, más barato, etc. Una de los dogmas de ese modelo es que es necesario evitar crear deuda pública, etc. Según Coderch, estas reglas de éxito son de imposible generalización, dado que al estar en un mundo cerrado, la economía mundial necesariamente tiene que ser un juego de suma cero, en el que es imposible que todos “tengan éxito” si siguen las recetas del sistema convencional.

Uno de los principales misterios de la nueva religión económica, según Coderch, es la creación del dinero. Nos recordó que el dinero en metálico es una parte ínfima de la masa monetaria (sobre el 3%). El 97% restante del dinero se crea de otra manera. Así, es preciso recordar que hoy no se pueden pagar los sueldos con billetes: no hay suficientes billetes para ello. Según Coderch, éste es un elemento básico para entender por qué la economía necesita seguir creciendo. Aquí el sistema financiero es vital, y este hecho se observa en la actualidad en la facilidad con la que se “crea” nuevo dinero, por parte de los bancos centrales, emulando el “milagro de la multiplicación de los panes y los peces”. Así, llevándolo al absurdo, se lleva el dinero al banco, y éste “crece”. Y además, por la magia del interés compuesto, debe crecer hasta el infinito, sin que se aprecie el límite. Coderch nos propuso, para ello, ver un fragmento de la película “el concursante“, donde se hace una ejemplificación algo parodiada (en cuanto que la masa monetaria que ahí se representa no crece, pero sí está creciendo continuamente en la realidad), pero muy gráfica, de la economía del crédito y la deuda (aquí, el enlace para el visionado del fragmento en cuestión). Frente al escenario de la Edad Media, cuando no crecía la masa monetaria, y la usura estaba penalizada, el escenario actual es de exponencial crecimiento del crédito (y masa monetaria). Precisamente aclaró el concepto de dinero como deuda perpetua, que debe ser devuelta. Una vez comenzó a funcionar la concepción del préstamo y el dinero como deuda, comenzó una vorágine en la que “la sostenibilidad a corto lleva a la insostenibilidad a largo”: para mantener ese sistema, se genera más deuda, pero a su vez se van forzando los límites naturales, sin llegar nunca a cancelar la deuda.

Este modelo podría encajar en un Planeta infinito, pero precisamente uno de sus límites es el del “tamaño de la tarta”. Coderch argumentó que “el crecimiento del tamaño de la tarta a repartir” (uso de recursos naturales), ha evitado la discusión del reparto de la misma, garantizando en muchas zonas la paz social y amortiguando las tensiones y problemas del pasado.

De ahí que Marcel se centrara en los límites físicos a la expansión económica continua. Una vez que es conocido que una unidad de crecimiento del PIB precisa aproximadamente un 0,7% de crecimiento en el uso de energía, se vincula el crecimiento económico al crecimiento en el uso de recursos energéticos. Inclusive se pone en cuestión cómo la supuesta “desmaterialización” de la economía de algunos países ricos podría estar escondiendo una “exportación” a mercados emergentes (China, maquilas en zonas del Sur) de los productos intensivos en consumo energético, que a nivel contable genera ficciones que se tienen como ciertas (por ejemplo, consumo de productos terminados que se importan de China).

Todo ello en un entorno de importante crecimiento poblacional (según Coderch, Malthus simplemente no acertó a ver que los límites poblacionales que él aventuraba en un Planeta finito donde la producción agrícola crece menos que la población humana, iban a ser sobrepasados - pero no de forma indefinida - por la colonización del resto del Mundo y por el descubrimiento y explotación de ese gran tesoro de los combustibles fósiles), y con límites energéticos claros. Pero explicó el ponente que el incremento poblacional se presenta como un límite importante a nivel global.

Coderch expuso claramente los límites de los combustibles fósiles que predijera en su momento la Asociación para el estudio del cenit del petróleo y el gas (ASPO), poniendo también el énfasis en su desigual reparto y consumo: así, unos 24 barriles por persona y año, en EE.UU; en Europa 11-12, y en China, 1,9 barriles por persona y año. Se advirtió de que la extracción de petróleo convencional se encontraba estancada desde el año 2005, y que el incremento estaba siendo compensado con “otros petróleos no convencionales” de más difícil extracción menor retorno energético y, sobre todo, cuya expansión en la extracción no podrían seguir el ritmo de la demanda planetaria. Según se expuso, se podría considerar que entre el 2010 y 2015 se podría alcanzar el máximo histórico de extracción, habida cuenta de que los descubrimientos mayores de petróleo tuvieron lugar en los años 60, estando en declive profundo grandes zonas productoras como el yacimiento Cantarell, uno de los mayores del Mundo, en México; el declive de los EE.UU., ya desde los años 70, o desde el año 1999, el de aguas profundas del Mar del Norte. Uno de los indicadores que se presentan de esta tensión energética es cómo cada vez más la propia prensa económica habla de los límites (por ejemplo, The Wall Street Journal), o cómo las petroleras están devolviendo mucho dinero a sus accionistas.

Insistió Coderch en que este declive no va a poder ser compensado por la energía nuclear: en primer lugar, las reservas de uranio son limitados y podrían estar en declive de producción. Igualmente, el coste financiero de una planta de energía nuclear se hacen hoy complejos de solventar y amortizar por parte de sus principales interesados en la expansión de la planta nuclear. La Energía nuclear también tiene límites claros como el agua disponible para la refrigeración de los reactores, amén de los consabidos problemas de almacenamiento de residuos (cuyo coste no se suele contabilizar en los presupuestos de las centrales), etc.

Por otro lado, parece que existen indicios importantes para pensar que estamos ante límites importantes en el uso de agua dulce (cada vez se consume más energía “fósil” de depósitos subterráneos de difícil reemplazo), posibilidades de expansión del suelo arable, y alimentaria mundial (de hecho, la proporción de grano cosechado por persona ha declinado en las dos últimas décadas, y hay muchas pesquerías agotadas).

Estos límites obligarán a “buscar otras formas de encontrar la felicidad”, siendo además que se ha demostrado que, a partir de un determinado nivel de renta, la “felicidad” no acompaña a la riqueza creciente, una riqueza que precisa de un márketing y publicidad que convierten al consumo de objetos en garante de satisfacciones.

Se planteó Coderch, el “¿Cómo prevenir el colapso económico?” que deriva del encuentro entre los límites físicos y el crecimiento infinito. Según él, “no va a ser nada fácil. Planteó la necesidad, partiendo de la inmensa diferencia de consumo de recursos entre el 20% la población mundial que acapara el 80% de los recursos, y el 80% restante, de un “programa de contracción y convergencia”, para encontrar un punto en común de consumo más justo. Por otro lado, explicó que en épocas de escasez, “hay que racionar”, y que un mecanismo habitual para ello es el uso de la inflación (subida de precios), como ajuste entre oferta y demanda, lo que puede conducir a episodios de descontento social insostenible.

Se plantea la programación del racionamiento energético a través de las llamadas “tradable energy quotas, o cuotas energéticas comercializables”: si podemos consumir determinada cantidad de energía, vamos a dividirla por igual. Con una tarjeta, aplicamos el saldo energético, a partir de una cantidad máxima de energía por persona. Habría dos precios. En el caso de que superaras el consumo, habría una bolsa internacional de energía, donde se comerciaría, mediante transferencia monetaria a esa otra persona, para adquirir más cuotas energéticas. Aquellos segmentos de la sociedad que fueran menos consumistas, recibirían dinero. Es un impuesto muy progresivo que penaliza el uso de energía. Favorece una relocalización de la economía, lo que pone en cuestión la globalización.

Finalmente, Coderch ofrece una serie de conclusiones, que se encuentran en la presentación, y que aquí reproducimos literalmente, entre las que se encuentran algunas sugerencias para afrontar este periodo de transición hacia una sociedad con menor densidad energética:

•• El crecimiento económico debe dejar de ser el objetivo social prioritario, porque aquellos países que más “éxito” tengan en este crecimiento serán los menos preparados para sobrevivir en una economía con menos energía y menos emisiones.

•• Hay que otorgar la máxima prioridad a asegurar un buen nivel de vida con unos consumos muy bajos de energía fósil.

•• Pudiera ser que esta transición requiriera un elevado nivel de inversión y que se produjera como consecuencia un crecimiento económico, pero sería un efecto colateral, no el objetivo de esta política.

•• Es muy probable que los precios energéticos suban considerablemente como consecuencia de las restricciones que habrá en la disponibilidad de energía fósil.

•• Este incremento de precios ampliará las diferencias entre pobres y ricos y causará grandes dificultades a mucha gente.

•• Debe instaurarse un sistema de racionamiento del uso de la energía fósil basado en asignaciones personales per cápita que distribuyan por igual el derecho a utilizar el planeta como sumidero de residuos.

•• Estas raciones deben ser comercializables para desarrollar así mecanismos que limiten las emisiones globlales al tiempo que incentivan y recompensan nuevas formas de vida menos intensivas en energía.

•• El proceso de creación de dinero debe retirarse gradualmente de las manos de los bancos comerciales y debe volver al gobierno.

•• El gobierno debe tener la capacidad de crear dinero y ponerlo en circulación sin que genere deuda, por ejemplo en proyectos de transición energética.

•• Debe crearse una nueva moneda global e independiente de las divisas nacionales para el comercio internacional.

•• Esta moneda estaría ligada a los derechos de emisión y tendría como misión asegurar que el nivel de comercio internacional es compatible con los objetivos de reducción de emisiones para llegar a una concentración atmosférica estabilizada.

Marcel Coderch advirtió que “es inevitable la relocalización“. Simplemente el Mundo no ha estado siempre “globalizado”, y ese fenómeno ha sido posible únicamente debido al inmenso tesoro de los combustibles fósiles, que tres generaciones están dilapidando. La relocalización vendrá de la mano del coste creciente del transporte. Estamos asistiendo a una inmensa concentración de poder, a través del sistema financiero, lo que abre las puertas, igualmente, a los regímenes autoritarios como “solución”, por parte del poder, a los problemas, lo que requiere de información a la población para evitar que el mismo cale entre los ciudadanos.

2 Respuestas a “Por qué el capitalismo necesita crecer y por qué pronto no podrá seguir haciéndolo, por Marcel Coderch”

  1. Ramon Dice:

    Nunca dejara de asombrarme el empreño de los progres en continuar su intento de hacer realidad sus sueños utopicos. No solo no se desengañaron con el fin de la URSS sino que siguen en sus trece con renovado impetu. Todas las medidas que propone este caballero se pueden resumir en una: imposicion de una economia socializada a la sovietica. Practicamente todos los puntos citados arriba que son directrices politicas eran una realidad en el regimen de Stalin, Beria, Breznev y Andropov: el estado creaba el dinero que le daba la gana, con lo que logro que solo sirviera para empapelar paredes, liquidacion de la banca privada (eso y no otra cosa es lo de “retirar la creacion del dinero” pues a eso se dedican los bancos con sus creditos, tarjetas y demas), … y el colofon el ansiado gobierno mundial (si hay una moneda unica acabara habiendo un estado unico). Es el plan del buen progre de toda la vida ahora encubierto tras la coartada madmaxista.

    En fin, que todo eso ya se ha probado y el resultado fue el que fue, por lo que se aceptan otras sugerencias. Solo se pide, eso si, que o bien sean originales o bien no hayan sido ya desacreditadas por la vida real. El mundo saldra de la crisis energetica, que ciertamente nos acecha, como ha salido de otras muchas, pero desde luego que no lo lograra con las recetas desacreditadas de un barbudo del siglo XIX.

  2. Rodrigo Dice:

    Si, ramon yo me imagino dos cosas: o anarquia madmaxista(un poco menos absurda, como la 3era version) o un gobierno mundial… y a ver si se imaginan quién sería?? quien tiene bases en casi todo el medio oriente, en sud américa, hacen lo que quieren en el mundo..etc? qué pais en las películas lava-cerebros son siempre los salvadores del mundo? … bueno, ése mismo. Ojalá que la que triunfe sea una tercera: que ése imperio caiga, y que cada país pruebe y triunfe con las utopías que surjan y ningun pueblo sea dominado en ninguna parte del mundo. Miren éste delirio y éxitos a todos:
    http://www.newamericancentury.org/

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