Empleo, trabajo y energía: a propósito de ASPO VII
1.- Energía, eje de los modelos de economía y empleo.
El empleo depende del volumen de energía empleado, la intensidad en su uso y, en general, de la capacidad de cada sociedad de suministrarse de combustible y recursos que le permitan mantener una determinada complejidad económica. La “cuestión energética” es, pues, básica para analizar las perspectivas económicas y de empleo de un entorno, más aún en una era de importantes oscilaciones de los precios del petróleo - principal recurso energético de nuestra sociedad - y advertencias crecientes sobre la inseguridad y escasez futura de su suministro.
La interrelación entre empleo y energía es obvia: siendo la energía la “capacidad de hacer trabajo”, genera su abundancia la posibilidad de multiplicar las actividades que son susceptibles de intercambio productivo y de generar empleo. Como se puede ver, existe - el el ámbito temporal y espacial - una relación evidente entre actividad económica y empleo, y entre estos factores y el uso de energía.
Hasta ahora, y en los últimos años, las preocupaciones sobre las relaciones entre esos ámbitos se habían circunscrito en el paradigma dominante a la búsqueda de las formas para - consumiendo energía de forma creciente - lograr un “mix” de menor impacto ambiental, especialmente en términos de emisiones de gases de efecto invernadero y otros de incidencia más local.
Sin embargo, el importante incremento de los precios de los combustibles fósiles - que componen aproximadamente el 80% de los recursos energéticos globales[2] - en el periodo 2005-2008, ha puesto de evidencia que, más allá de las imprescindibles consideraciones ambientales, la accesibilidad a cantidades crecientes de suministro energético está siendo puesta en cuestión, por varios factores, entre los que, crecientemente, se vislumbra una dificultad para incrementar de forma suficiente para atender la creciente demanda de extracción de petróleo a nivel mundial, especialmente del petróleo convencional a bajo precio, así como la falta de un recurso energético que, hoy por hoy, pueda sustituir la versatilidad de aquél, en caso de disminución de su suministro. Continúa, en texto, aquí.
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