¿Cenit físico y/o cenit económico del petróleo?

CurvaHubbertASPO.jpg Por primera vez en 25 añosel consumo (y, por tanto, la producción) de petróleo descenderá, según ha advertido la Agencia Internacional de la Energía. Igualmente, la OPEP ha decidido recortes en la producción, para recuperar un precio mayor del petróleo, algo que no ha conseguido en los últimas decisiones, lo que viene a corroborar la tesis de que la citada organización, que bombea más de un tercio del petróleo del Mundo, ha perdido el control de los precios, debido a su baja capacidad excedentaria de producción. De hecho, la OPEP, en los últimos años ha mantenido, pese al precio alcista del crudo, sus volúmenes de exportación estabilizados, sin poder incrementarlos sustancialmente, y forzando a una competencia mayor por el petróleo, lo que finalmente ha contribuido a la llegada del Mundo a un estado general de recesión económica.

Probablemente, este descenso del consumo global de petróleo, cuyo origen inmediato se encuentra en la crisis económica global, provoque una escalada depresiva de las inversiones en nuevas explotaciones de crudo, cancelación de proyectos y pérdida de oportunidad de nuevas exploraciones, al no existir demanda y crédito para emprender esas operaciones, que implican importantes inversiones cuyo retorno de ganancias se obtiene únicamente a medio plazo.

Pero, por otro lado, el Mundo sigue consumiendo diaramente 85,8 millones de barriles de petróleo, en buena medida (hasta un 40%) proveniente de unos yacimientos y zonas geográficas con claro declive geológico petrolero. De hecho, está asumido por el sector que las inversiones para recuperar la producción que se va perdiendo con ese declive, requerirían importantísimas inversiones económicas, al provenir necesariamente de lugares con procesos de extracción de crudo más costosos y menos rentables energética y económicamente.

Las repercusiones del “fin del petróleo barato” ya están aquí. Parece inevitable un “empequeñecimiento” de la economía, de la cantidad de personas que accederán al capital preciso para hacer cambios económicos que traigan beneficios. Todo ello tendrá - está teniéndolas ya - profundas consecuencias para nuestro modo de vida, en los próximos tiempos. El petróleo es la sangre de nuestra civilización, pero el dinero es el detonante para hacer funcionar las máquinas de aquélla. La retroalimentación entre la “meseta ondulante”, previa al declive, en que se encuentra el petróleo convencional (barato) y el fin del crédito está causando un cenit petrolero de facto.

Los años venideros dirán si, dependiendo de la dimensión de la crisis, veremos un “rebote” de la producción (según las ideas del geólogo Jean Lahèrrere), fruto del descenso del consumo de hoy, o realmente estamos ya en el otro lado de la curva, del descenso petrolero definitivo, con los altibajos propios de los procesos humanos, y ya nunca la inversión en nueva producción podrá compensar el declive natural de yacimientos de petróleo avejentados, cuyo ciclo natural de extracción está declinando fuertemente, y que no encuentran sustitutos reales en un Planeta finito.

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